La joven estudiante de Bellas Artes está exhausta. Ha aprovechado las vacaciones de veranopara venir a Madrid a ver arte, y no ha parado en toda la semana.
La verdad es que está un poco harta. Tras recorrerse todas las galerías del barrio de Salamanca, Malasaña y la zona del Reina Sofía cree que la cabeza le va a estallar. Y eso que todavía no ha empezado con los museos...
Se le estaba escapando la perspectiva como el agua entre los dedos. ¿Era arte todo lo que había estado viendo? Toda esas teorías de la composición, la finalidad y demás blablablá... Entró en El Prado sin mucho afán la verdad.
Y en una de las salas dedicadas al siglo XIX español vio una temática história en la que vio todo el arte reunido. Lo miró una vez, dos veces... De cerca, de lejos, de lado... Parecía imposible, pero estaba ahí mismo: el pasado, el presente y el futuro, el transcurrir completo de una historia, había sido capturado por el artista.
"Tal vez el secreto del arte está en aprender la esencia del tiempo", pensó, y empezó a mirar las obras con otros ojos.
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