“Qué triste es llegar para siempre a cualquier sitio.”

Jane Austen

27 de febrero de 2009


“¿Qué habrá, cuando falte yo? No habrá nada. Entonces ¿dónde estaré, cuando ya no sea? ¿Será la muerte? No, no quiero.” Se levantó, quiso encender la vela, buscó a tientas con las manos temblorosas, se le cayó la vela del candelero y de nuevo se tumbó sobre la almohada. “¿Para qué? Da lo mismo – se decía con los ojos abiertos, mirando en la oscuridad-. Es la muerte. Sí. La muerte. Y ninguno de ellos lo sabe, ni quieren saberlo, no se compadecen de mí. Se divierten.- Oía las voces y el ritornelo como si fueran muy lejanos, pues la puerta estaba cerrada-. A ellos les da lo mismo, pero también ellos morirán. Qué estupidez. Yo antes, ellos después; pero les ocurrirá lo mismo. Y se alegran. ¡Cerdos!” La ira le ahogaba. Sentía una tortura espantosa, insoportable. Pero no puede ser que todos estén siempre condenados a este miedo horrible. Se levantó.
-fragmento de La muerte de Iván Ilich de Leon Tolstoi.

No hay comentarios:

Publicar un comentario