
Aquí os paso dos poesías del libro “Los días laborales” de Inmaculada Mengíbar
“Me propone cenar en restaurantes chinos,
ir a algún sitio nuevo para tomar café
-cualquiera con un mínimo
de exotismo y que invite
a la conversación: los pubs son ruido,
el ruido es sexo y, eso, el enemigo
peor de la amistad civilizada-
y yo pido una copa,
siempre pido una copa de más, por si me obligo
-de esta noche no pasa- a declararme
definitivamente
en huelga ante sus ojos. Un minuto
más de conversación
y me suicido.”
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“Pudiera ser que ahora, de repente,
vinieras.
Que irrumpieras de pronto
al torcer esta esquina de la tarde, a la vuelta
del recuento diario de todas las nostalgias,
a la hora en que se dan
de baja los te quiero
de las cartas y caen
los antiguos propósitos de enmienda, como el día:
con algo de traición. Pudiera ser
que llamaran de súbito de todos los teléfonos
y todos los carteros en paro se lanzaran
a mi pulso a la vez,
con mensajes en blanco,
como una descarada
provocación, no sé, como una urgencia
de aventura quizá. Pudiera ser”
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