“Qué triste es llegar para siempre a cualquier sitio.”

Jane Austen

27 de agosto de 2009

año nuevo


Tenía una caja especial, mágica, única entre todas las cajas que adornaban la pared izquierda de su habitación, la única que había vuelto a pintar de amarillo. Era de caoba, con una cerradura de llave antigua y acumulaba un poco de polvo en su parte superior porque, al ser su caja especial, sólo podía abrirla una vez al año. En ella había ido introduciendo, como en una hucha, trozos de papel con palabras, conceptos o momentos que habían jugado un papel crucial a lo largo de aquellos últimos 12 meses, y abrirla significaba hacer un alto en el camino, mirar atrás, valorar y comenzar de nuevo una vez más. Este año, el día escogido era hoy. Lo había sabido desde que había abierto los ojos a las 08:03 de la mañana, y allí estaba, tras haber soplado el polvo, sentado en su cama, con la caja encima de las piernas. El ruido de la llave le estremeció, y…¿Listo para abrir la caja mágica?,

“El verano toca a su fin, pero aún se puede disfrutar descalzo en el parque”.

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