
Apagó la vela restante de un soplo, esa noche no hacía falta porque el sol se resistía a esconderse detrás de la línea del horizonte. Esa misma línea que se desdibujaba centelleante ante sus ojos, esos ojos que habían fijado su mirada en la nada y el todo que significaba el parque, y que escondían la calma más absoluta. De fondo, esa canción tropical sonando en el tocadiscos de su abuelo, una pequeña alegría que también se resistía a perecer. “En el fondo, todo es cuestión del enfoque”, pensó, y desvío su mirada a las pájaros que revoloteaban al lado de la única nube en el cielo, con forma de dinosaurio. Se habían detenido. La aguja del tocadiscos también, y dejó de sonar la canción, silencio, esa canción. La vio venir a lo lejos por el parque, con su disfraz de hawaiana y los pies descalzos, y el viento también se habían congelado. Igual que el resto del mundo. Y entonces…¿A qué esperamos?
No dejes pasar los días y marca tu propio vaivén.
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