
Tuve un profesor de ciencias, cuando todavía iba al colegio, del que guardo un gran recuerdo. Era australiano, hacía surf, y venía a clase siempre con bermudas y camisas hawaianas. Un día casi se abre la cabeza entrando en clase dando un salto, y otro se pasó una hora entera tratando de explicar la teoría del libro que le mantuvo en vela la noche anterior a una clase de pre-adolescentes con ojos como platos: dejaba caer un bolígrafo en su mesa, y nos decía que eso no había pasado sólo una vez, sino que había pasado tantas veces como ojos lo habían visto. Que, de alguna manera, el mundo pasa a través de nosotros para existir. En aquel momento no entendí demasiado, pero han pasado muchos años y todavía recuerdo esa clase, ese intento por tratar a niños como adultos, por hacerles pensar por sí mismos...
No hay comentarios:
Publicar un comentario