“Qué triste es llegar para siempre a cualquier sitio.”

Jane Austen

11 de febrero de 2009

coaching regio III


Ya que en mi blog hablo de todo, hoy toca una lección para chicas: y por que no.. para ellos también. PRESTAD ATENCIÓN.
Muchas mujeres, se empecinan en relacionarse con hombres que solo les pasarán un papel de lija por el corazón, o en el mejor de los casos, les darán unas cuentas tardes de llanto y otras tantas noches de insomnio inciertas.
Escucho constantemente a muchas mujeres lamentarse de la falta d existencia de hombres que merezcan la pena. A esta letanía lamentativa suelo responder con una pregunta: ¿ y tú mereces la pena? Se me quedan mirando perplejas. ¿por qué? Esperan que me una a su causa de victimismo y desilusión desanimosa. Según su mapa de la realidad, es impensable que otra mujer suelo insistir, en que soy una "reina" en cuerpo femenino, que no mujer, ergo, mi identidad no se basa en el género de mi cuerpo fisico, sino en caracteristicas de, digámoslo así, mi alma. No se puede conducir un f1, si no se tiene carné de conducir ni jamás se ha pilotado coche alguno. Seré más explícita: Piden lo que no ofrecen. Algunas no es que tengan el liston muy alto y sean muy exigentes, ojalá lo fueran y tuvieran el listón a la altura del Empire State como poco, mejor les iría. simplemente no muestran su verdadero yo. :-)
Las relaciones sentimentales son algo de "quita y pon", tan fáciles de reponer como un teléfono móvil.
Tan fáciles de cambiar y con tantos modelos al alcance de la mano como sucede con la telefonía móvil, con los coches, los cereales, y tantos otros productos de gran consumo. Queremos compañía: "Pero por favor, que sea diferente cada día.... y al menor contratiempo o problema, que vengan los de mantenimiento y que se lo lleven, plis"....

Necesitamos amor, eso decimos, pero solemos decirlo con la boca pequeña, porque nos hemos vuelto egoistones, bastante tenemos con torear al toro de las complicaciones en la empresa como para llegar a casa y tenernoslas que haber con la misma historia. Los seres humanos no somos un par de zapatos, y luego nos arrepentimos bien arrepentidos cuando los cambiamos por unos nuevos.

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