
Cuando la chica de “Ghost World” está en la barra del bar de jazz y se da cuenta de que el chico que la mira, mira también a “todas las demás”. Todos queremos sentirnos especiales, imaginarnos que nos mira a nosotros porque desprendemos estrellitas mientras bailamos, porque somos fantásticos y en ese momento nos sabemos el autor de la canción original. Pero sencillamente le recuerdas a su exnovia o se te nota demasiado que estás sola. Entonces te pides otra copa y ya bailas a tu bola para acabar haciendo lo que no soportarías que pasara en la película, coger el primer taxi que pase para no seguir arrastrando los tejanos, porque nunca imaginaste que la noche acabaría así.
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