
Las reinas del mundo emocinal.
Hubo un tiempo remoto en el que existían las diosas, estas tenían poderes, libertad, capacidad de decisión, libre albedrio y lo mejor de todo , creían en si mismas y se valoraban.
Pero, un día, no se sabe como ni donde ni por que, las hordas de hombres peludos, faltos de neuronas pero sobrados de testosterona, se hicieron con los libros secretos del reino y desde entonces se dedicaron a hacerles creer a las mujeres que ellas eran unas perdedoras, unas ignorantes, unas lerdas, unas insensatas, unas necesitadas e incompetentes, incapaces de nada sin… ¡¡ellos los hombres!! Y las muy tontas se lo creyeron.
¿cuestión de supervivencia?
Puede.
El caso es que el mundo se quedó sin reinas, que es lo mismo que decir que se quedó sin mujeres capaces de gobernar sus destinos humanos.
Tal vez todo empezase cuando los humanos se hartaron de los humanoides que poblaban el planeta y decidieron regresar a sus galaxias de origen decepcionados después de tanto esfuerzo, de tanto empeño que habían puesto en tratar de enseñarles a los humanoides que hombres y mujeres son iguales en su interior, en su esencia, que les diferencia una biología que es complementaria pero no antagónica ni conflictiva. Todos somos seres humanos, ¿o no?
El caso es que los humanoides ganaron la partida, y los humanos se largaron hartos de tanto despropósito vital. Quizá fue así como empezó el desencuentro entre los hombres y las mujeres. La guerra de los sexos y la desvalorización de la mujer.
Lo hicieron tan requetebién, a juzgar por los resultados de la campaña demagógica, que las ideas incrustadas en el inconsciente colectivo, ostentan rango de verdaderas, y acorde a ellas se comportan la mayoría de las mujeres… y no digamos los hombres. Sólo unas pocas, unos pocos, no cayeron en el error de creer a los humanoides y asumir que todas las mujeres, por el hecho de ser mujeres, eran damiselas de diadema muy floja, lelas, tontas, en la inopia, emocionalmente inestables osea, histéricas, lloriconas, quejicas, insulsa, que solo servían para fregar y para los fogones, el lecho, el huerto, arrastrar el carrito de la compra, aguantar sermones y decorar esquinas del castillo.
Las reinas de alma escaparon a la maldición de Eva. Ellas nunca jamás dejaron de creer en sí mismas, razón por la cual se inveraron mil y un disfraces: el de hada madrina, musa, bruja, diosa, abuela, comadrona, amade casa, medico, agricultora… El caso era salirse con la suya y perpetuar la raza de mujeres emocionalmente reinas.
Nunca te creas todo lo que ves, las cosas a veces no son lo que parecen. Por eso , muchas que van de reinas no lo son. En cambio, otras que si los on, no van de ello. Las reinas asumen la cuota de responsabilidad que tienen sobre su destino humano. No le echan las culpas a nada a nadie, si algo no les gusta , simplemente hacen algo para modificar la situación. Una reina en el siglo xxi. Una mujer líder, proactiva, carismática, tozuda, persistente, luchadora, soñadora, constante, valiente, arriesgada, sensible y orgullosa de su latido humano y segura de su fuerza.
Las reinas emocionales del siglo xxi no pueden llevar corona en sentido literal. Sin embargo su erguida cabeza y su mirar sereno las delata en medio del gentío despistado de damiselas cuya flojera de diadema les ha nublado hasta el mapa del metro.
Todo es metafórico La libertad y el compromiso van de la mano en el corazón de una reina, no así en el de las damiselas del reino. Las reinas saben que todo tiene un precio, que hay que esforzarse para conseguir algo. Las reinas saben que la vida es una combinación de dulce, agrio, salado, amargo y dulzón… por lo que aprenden a aceptar los diferentes sabores y sinsabores de la vida humana, lo cual hace que vivan con serenidad. O sea, que aprenden a manejarse con la frustración. Y pasaron de los cantos de sirena de la sociedad consumista y alienista del ser humano.
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